Virginia

BREVE HISTORIA

Llevo un tiempo escribiendo pequeñas historias que terminan siempre en el cajón de mi mesita de noche. No tenía ninguna intención de publicarlas; pero, en fin… Aquí tienen la primera de ellas. Espero que les guste.


VIRGINIA

Virginia sabía que había llegado el momento de decir adiós a esa vida; pero le atormentaba la idea de que todos supieran la verdad de lo que realmente había estado haciendo allí. El tiempo había pasado muy rápido y en su cara se empezaba a reflejar la angustia y la desesperación por salir de la trampa en la que ella misma se había metido.

Todos la conocían; pero nadie sabía quién era ella realmente. Aquella mañana, se despertó y, asomada a su ventana, observó cómo la gente repetía el mismo ritual cada día… Aquel hombre, en la parada del autobús, siempre miraba el reloj y encendía un cigarrillo. La chica del pelo negro repetía cada día el mismo gesto: se sentaba y se soltaba el moño mientras suspiraba y dejaba caer su melena tímidamente. Siempre iba impecablemente vestida y maquillada. En cambio, la chica del pelo corto llegaba allí corriendo, cada día. Desaliñada, con el pelo húmedo. Siempre llevaba vaqueros y camisetas anchas. Por lo visto, nunca tenía tiempo de desayunar en casa. Siempre terminaba su bocadillo en la parada. Virginia se preguntó si aquellas personas, igual que ella, tenían algo que ocultar. Todos parecían personas normales; Sin embargo… Ella sabía muy bien que, bajo una apariencia normal, podía haber algo escondiodo.

Terminó su taza de café y se dispuso a recoger todo lo que la relacionaba con aquella vida. ¿Cómo había llegado hasta aquí?. Miró todas esas fotografias. Parecía feliz. Recorrió su apartamento y revivió de algunos momentos vividos allí. Sintió escalofríos al recordar  aquellos planes. “¿Cómo pude llegar hasta aquí?”, se preguntó una y otra vez. “¿Por amor? ¿Por admiracion?”. Volvió a observar a esas personas de la parada de autobús y sintió remordimiento.

Las lágrimas empezaron a brotar mientras rememoraba sus días de universidad y, como una película, empezaron a pasar imágenes por su cabeza…. Si nunca estuvo convencida de todas las cosas que hizo, en todo este tiempo, la única conclusión a la que podía llegar es que las había hecho por amor. Realmente, creía en él. Cuando le conoció, ella estaba llena de inquietudes y de ganas de cambiar el mundo. Y, en la universidad, toda la corriente indicaba que ellos no estaban equivocados. Había que hacer justicia de alguna forma.

Virginia intentaba justificarse; pero no podía. Volvía a pensar en esas personas de la parada: personas inocentes, como esas que ella veía cada mañana, habían sido víctimas suyas. “Víctimas, víctimas, víctimas….”. Dio otra vuelta por su apartamento, observándolo. Sobre la mesa, planos, recortes, horarios de mujeres y hombres que ella nunca vería. Lo recogió y lo arrojó a las llamas de la chimenea; como queriendo arrancar todo aquello de su vida. Se detuvo, por un momento, en la última fotografía que quedaba: estaban retratados él y ella, y sonreían…. Se quedó mirándola y, de repente, vio otra mirada en él. Otro gesto. Había pasado la admiración. La rompió con rabia. Se sentó frente a la tele, se encendió un cigarrillo. Dio un respiro y abandonó su apartamento dejando la puerta abierta. Mientras salía, en el telediario, daban la noticia: “Avioneta siniestrada. Entre sus ocupantes se encontraba el cadáver de uno de los criminales más sanguinarios de los últimos tiempos. Se baraja la posibilidad de que el incidente haya sido provocado………”

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